Actualmente se denomina como Franja Fronteriza Sur a la zona comprendida entre la línea de la frontera con Panamá y otra trazada paralelamente a una distancia de dos kilómetros hacia el interior de Costa Rica.
La misma se oficializó inicialmente mediante el decreto No. 3 del 29 de octubre de 1914, donde se declara como una zona de 50 km de ancho a lo largo de la frontera con la República de Panamá. Posteriormente sufre una serie de modificaciones hasta que mediante la Ley de Tierras y Colonización, número 2825 del 14 de octubre de 1961, se establecen como inalienables y no susceptibles de adquirirse por denuncio o posesión aquellos terrenos comprendidos en una zona de 2 km de ancho a lo largo de la frontera con Panamá, salvo los que estuvieren bajo el domino privado, con título legítimo.
Las funciones básicas por las que se decretaron estos terrenos radican en la defensa del territorio y la seguridad nacional, así como los controles de salubridad, aduanas, migración y tráfico fronterizo. Además la frontera ha cobrado importancia en otros ámbitos (social, económico, cultural, ambiental), por la dinámica de relaciones que ahí se desarrollan.
Dentro del Área de Conservación La Amistad – Pacífico (ACLAP), la Franja Fronteriza Sur abarca una superficie total de 15.950 ha de las cuales un 53% se encuentran protegidas bajo una categoría de manejo como lo son el Parque Internacional La Amistad (24%) y la Zona Protectora Las Tablas (23%).
La Franja Fronteriza Sur, contiene en el ACLAP siete zonas de vida, correspondientes a Bosques Pluviales y Bosques Muy Húmedos en diferentes pisos altitudinales y dos transiciones. Presenta altitudes que van de los 500 m.s.n.m. (Río Corredores) hasta 3200 m.s.n.m. (Cerro Bine). Además tiene un rango de precipitación que va de 4000 mm a más de 8000 mm al año.
Actualmente dentro de esta zona se resguarda parte del Patrimonio Natural del Estado, el cual está constituido por los bosques y terrenos forestales de las áreas declaradas inalienables dentro de la Franja Fronteriza Sur. Los cuales brindan una serie de servicios ambientales a las comunidades aledañas y contribuyen a preservar los procesos ecológicos y a salvaguardar la biodiversidad del sector fronterizo.
Sin embargo, la presión por actividades antrópicas, especialmente las deforestaciones con la finalidad de aumentar las áreas de cultivos de café y los aprovechamientos maderables ilegales en los bosques de la franja, se convierten en la peor amenaza a los recursos naturales de la zona y amenazan con interrumpir la conectividad entre ecosistemas y la preservación de un ambiente sano y ecológicamente equilibrado para los pobladores de la zona fronteriza y sus descendientes.




